Mi querido hijo:
Sé que al leer estas líneas se agrandará la brecha existente entre nosotros, pero tu inmadurez me obliga a romper el silencio, y quisiera dejarte algunas frases de aliento para continuar la vida. Sé que nunca aceptaste mis glorias y que mis triunfos son una cachetada para tus reiterados fracasos, pero también sé que alguna vez aprenderás de mí y de mi trayectoria. Sé que en tu estúpida y ciega terquedad me niegas tu cariño, aunque fui yo el que te dio la vida. Sé que piensas que vivo de las glorias pasadas y que la realidad presente es más dura, pero tú tampoco muestras capacidad para acercarte siquiera a una fracción de lo hecho por mí en todos estos años de transitar triunfos. Sé que si alguna vez tengo un tropiezo te regocijas en! mis caídas, pero íntimamente sabes que nunca jamás podrás emular mis logros ni seguir mis pasos. Sé que aunque estoy viejo y casi todo te he enseñado no aceptas mi tutela por soberbia, pero alguna vez podrás encarar una pequeña hazaña con humildad, aunque más no sea para seguir intentando. Sé que tu única motivación y alegría es ganarme de vez en cuando aprovechándote de mis flaquezas temporales, aunque sabes que eso no es todo en la vida y que la gloria se construye de cosas más sólidas que desafiar al padre. Sé que tu vida sigue pendiente de mí y del menor error para criticarme y vilipendiarme, pero acepto tu postura porque debo reconocer que he fallado como padre al no enseñarte los secretos más profundos del triunfo y la gloria. No quiero que tomes esto como una despedida, pues pienso seguir fastidiando tu mísera existencia por el resto de tus días, porque estaré mirando desde el más alto pedestal en el que me encuentro esperando -como padre al fin- por lo menos un pequeño atisbo de que hayas avanzado algún pasito y hagas algo con tu desperdiciada vida. No espero ya de ti cariño y devoción, pero sí espero de todo corazón que comprendas que para criticarme debieras subir algunos peldaños el pedestal de gloria que me soporta, porque desde aquí arriba donde estoy no se puede oír tu vocecita de fracasado reiterado.
Por último, quisiera pedirte un favor que espero no niegues a tu padre: ¿por qué no me prestas tus vitrinas vacías de Matute para guardar algunos trofeos que ya no caben en la mía?
Tu padre que siempre te recuerda.
(U)NIVERSITARIO de Deportes





1 comentario:
JAJAJAAJAA QUE BUENAAAAAAA!!! QUE CHUNCKOR LA VEA Y QUE LE GUSTE!! JAJAJAAJA
Publicar un comentario